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Un Santinfierno por Navidad

Te propongo un juego…

BURBUJASNAVIDADPORTADA

Imagina a Orosia, una abuela fantasma, que se niega a que su nieto pase solo la Nochebuena y que no se le ocurre nada mejor que pedirle a Carmen, una amiga de la infancia, que le lleve a su nieto una botella de champán…

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BURBUJASCHAMPAN

Imagina a Carmen que sale de su casa nevando en busca de Santiago, al que hace siglos que no ve, y que la recibe de tal forma que en seguida recuerda por qué le llamaban Santinfierno.

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Imagina que la abuela fantasma se pone verdaderamente pesada y Carmen acaba llevando a Santinfierno a cenar con su familia en esa noche tan especial…

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¿Te imaginas lo que puede ser esa cena navideña?

No, mejor no imagines, y lee el pdf que te adjunto…

Cena de Navidad-BURBUJAS

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El resto de la historia… en las librerías. ¡Regala un Santinfierno por Navidad!

¡Graciassssssssssss!

Sabrina y el enfriador

En ‪#‎ComoUnaLunaEnElAgua‬ hay una escena en la que hago un pequeño y humilde guiño a Sabrina de Billy Wilder, que en estos días celebra el sesenta aniversario de su estreno, y a un objeto que a mí me obsesiona y que es el famoso enfriador de champán de Christofle…

Os dejo la escena y se la dedico a Silvia Nunez Prieto, que ama al enfriador tanto como yo
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sabrina

christofle_500

—¿Quieres tomar algo?
—Champán.
No bebo, pero respondo eso.
—Si quieres cojo una botella y dos copas.
—Y vamos al invernadero. Eres David, el malcriado de la casa.
Ya he perdido la cuenta de las veces que he visto Sabrina.
—Ya quisiera yo ser como William Holden… Daría lo que fuera por tener un gramo de su talento. La casa es de un amigo —dice sonriendo— y sí, has acertado, tiene un invernadero espectacular.
—Enséñamelo. ¿Puedes?
Se da la vuelta, dejándome estupefacta ante la contemplación de su espalda y su culo perfectos, y coge dos copas y una botella de Veuve Clicquot que descansa en un enfriador de Christofle.
—Vamos.
Me conduce por un sendero iluminado por las bolsas de papel con velitas mientras me hace preguntas que me niego a responder:
—¿Cómo te llamas?
—¿Qué más da?
—No es justo. Tú sabes mi nombre, sabes cosas de mí.
¿Me ha tocado el majara de la fiesta? Me da lo mismo. Ya es tarde para echarse a atrás.
—Ya —respondo dándole la razón.
—¿Ya? —replica con cara de no entender nada.
—Un momento.
Tampoco pasa nada si tomo ciertas medidas de seguridad, así que saco el móvil y llamo a Lucas para decirle:
—Estoy con el tío para el que hemos actuado.
—Sí, sé quién es —responde Lucas con la boca medio llena de sushi o algo deconstruido.
—Vamos al in-ver-na-de-ro —lo digo alto y claro, clavando mi mirada en el desconocido para que se entere bien de que alguien más sabe de mi paradero—. Dejo el móvil en-cen-di-do, en-cen-di-do y estoy en el in-ver-na-de-ro, el in-ver-na-de-ro.
—Tía ¿qué te pasa? ¿Por qué hablas como si fueras una hipnotizadora?
Los papeles se han invertido: ahora es el desconocido el que me mira como si fuera una borderline.
—Estoy allí. ¿De acuerdo? Con el tío que…
—Que sí, tía, que sí. Tranquila. Si te pasa algo, ya sabemos a quién echarle el muerto.
—Vete a la mierda.
—Pásalo bien.
Cuelgo el teléfono y sonrío al desconocido de una forma tan fingida que creo que he logrado asustarle. Sé que él está a punto de llamar a alguien para garantizar también su integridad, así que para calmarle improviso algo (estúpido):
—Somos un grupo muy unido. Siempre nos decimos dónde estamos.
—¿Tienes prisa?
Él sí. Él sí y va a dejarme tirada de un momento a otro. Por eso, esperándome lo peor, respondo un «no» lastimero, suplicante, agónico.
—Yo tampoco —replica con su voz grave y profunda.

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Sin manos

 

 

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El presidente de China y su esposa están por primera vez de visita oficial en Holanda y la reina les ha recibido sin manos. La moda de ponerse el abrigo sobre los hombros ha amputado las manos de Máxima, que parece incómoda y desubicada, frente al aplomo y el poderío de Peng Liyuan, cantante de ópera y esposa del Presidente chino.

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Máxima no puede ser más trendy, se ha puesto hasta el turbante, va impecablemente a la moda y Peng Liyuan se parte de risa, mientras piensa que ni por exigencias del guión se quedaría ella manca.

Fotos: http://www.hola.com

Ruido y furia

Fabulo a todas horas, invento, miento, urdo, planeo, no dejo de escribir nunca. Incluso en la nada más absoluta, me he contado como la idiota que soy, relatos de ruido y furia, como el que te estoy contado ahora.

Escribo para intentar vender los jirones de mi tormento y mis esperanzas vanas. Vivo en un cuarto lleno de mierda, acumulando recuerdos, sin más porvenir que un ordenador con el que tejo historias que espero que reporten un pasaporte a un futuro del que tampoco espero demasiado.

Creo que escribo novela romántica porque si escribiera lo que de verdad llevo dentro sería una novelista apocalíptica atrapada en en paisajes post-atómicos poblados de perros flacos y ciegos.

Solo soy la dueña de mis inventos, solo soy libre cuando tengo los dedos sobre las teclas.