Princesas

Sin manos

 

 

Imagen

 

El presidente de China y su esposa están por primera vez de visita oficial en Holanda y la reina les ha recibido sin manos. La moda de ponerse el abrigo sobre los hombros ha amputado las manos de Máxima, que parece incómoda y desubicada, frente al aplomo y el poderío de Peng Liyuan, cantante de ópera y esposa del Presidente chino.

Imagen

Máxima no puede ser más trendy, se ha puesto hasta el turbante, va impecablemente a la moda y Peng Liyuan se parte de risa, mientras piensa que ni por exigencias del guión se quedaría ella manca.

Fotos: http://www.hola.com

8 de marzo. Nuestro día.

Imagen

Un 8 de marzo de hace unos cuantos años visité por primera vez la torre de la Hora del palacio ducal de Pastrana donde estuvo encerrada la princesa de Éboli. Conocía su historia, pero esa visita me marcó tanto que no paré hasta que reuní la documentación sobre su figura. Necesitaba saberlo todo sobre esa mujer que se atrevió a tomar el camino indebido, a ser diferente, a alzar la voz, y tuve la suerte de conocer al profesor José Luis García de Paz, experto mendocista, y recientemente fallecido, al que siempre estaré agradecida por su generosidad y por su ejemplo, quien me facilitó el corpus teórico. Lo leí todo o casi, porque bibliografía sobre el período filipino es inagotable, pero había tantas piezas sueltas que decidí armar el puzzle, un ensayo de más quinientas páginas que aún sigo retocando, pero que ya muy pronto verá la luz.

Cada vez que leo esta carta de la princesa siento que así tiene que ser:

“Aunque metida en estas paredes y privada de libertad, hijos y hacienda, no de sentidos ni de mi autoridad y pundonor, y llena de razón y de justicia, con la cual y con la certeza que tengo de que Su Majestad ha querido y envió aquí a Vuestra Merced a que me la guardase, me hace dar gritos a Dios al cielo y a la tierra y al rey que en ella tenemos, de que una verdad tan grande como la que trato se me haya con tanta fuerza querido oscurecer”. Ana de Mendoza, Princesa de Éboli

Laurel Thatcher Ulrich dice que: “La historia no es sólo lo que sucedió sino lo que las generaciones posteriores deciden recordar”.

¿Qué hemos decidido recordar de la princesa?

Para mí sobre su complejísima figura pesa demasiado la novelería, las falsedades y los mitos y los arquetipos.

Por eso me decidí a escribir su historia…

La mujer más relevante de la corte de Felipe II, nacida en uno de los principales linajes, que se casó a los catorce; que tuvo diez hijos; que enviudó a los treinta y tres; que se metió a monja; que ya de regreso a la vida civil se rebeló contra las constricciones de su tiempo y accedió a las más altas esferas de poder; que administró sus estados; que fundó monasterios; que protegió una floreciente industria de la seda; que pleiteó; que planeó estrategias matrimoniales para sus descendientes; que fomentó y protegió el futuro de sus hijos; que se involucró en tramas de venta de secretos, cargos y favores junto al secretario de Felipe II, Antonio Pérez; que intrigó para la sucesión al trono de Portugal; que se la implicó en el asesinato de Juan de Escobedo; que no se doblegó ante el rey; que se la depuso de la administración de sus estados; que se la cuestionó su juicio y su moralidad; que fue espejo de miedos y ansiedades por su poder; que le fue privada su libertad, sin que por ello dejara un solo día de dedicarse a sus vasallos de Pastrana y al desarrollo de sus estados, ni de defenderse valiéndose de sus contactos políticos y familiares y de todo su conocimiento del sistema legal; que desde los treinta nueve años hasta su muerte con cincuenta y dos, padeció una condena a cadena perpetua sin previa condena judicial ni formal instrucción de causa procesal alguna, sin que mediara proceso ni defensa, por orden de un rey que disponía a su antojo de sus súbditos pues Dios había delegado en él su poder; un rey antiaristócrata, que monopolizaba la concesión de la gracia, atrapado en las contradicciones del sistema de organización administrativa de la Monarquía.

Una mujer que amó y odió, río y lloró, dudó, triunfó y fracasó, que fue fuerte y frágil, inocente y culpable, que tuvo coraje y miedo, angustia y valor y que finalmente murió por defender su independencia y su libertad.

Dulce victoria

No era una cena más. Los Obama tenían que recibir a este señor bajito que tiene su casa un poco revuelta, con el runrún del selfie del anfitrión en el funeral de Mandela todavía en el aire y los rumores recientes de su supuesto idilio con Beyoncé.

Pero allí estaba Michelle, esplendorosa y regia, con su vestido de Carolina Herrera estilo: voy-a-poner-en-su-sitio-a-estos-dos-mamarrachos y todo salió de maravilla. La primera dama, con su sola presencia, los dejó como dos muñecos de tarta, como dos auténticos peleles que todavía ni saben por dónde les vienen los tiros. Dulce venganza, dulce victoria.

Imagen

Imagen

Imagen

Imagen

Las joyas de la abuela

Kate lo ha hecho. Necesitaba estar radiante en su primera aparición pública del año, en un acto benéfico en el National Portrait Gallery de Londres, y le ha pedido a la abuela política el collar de diamantes que le regaló por su boda Nizam de Hyderabad.

Imagen

Yo no me atrevo a pedirle a mi abuela ni la bisutería, pero Kate es muy valiente. Está hecha de una pasta especial, es espontánea, libre, fuerte, decidida y no necesita a nadie, ni nada para brillar por sí misma.

(El vestido que lució, de Jenny Packham, ya se lo puso en octubre).

Imagen

Ella lo sabe y su abuela política también.

Imagen

Por eso, porque la abuela lo sabe, le presta las joyas con la misma certeza de Monet:

Es a fuerza de observación y reflexión que uno encuentra un camino.

Claude Monet

Imagen