La última línea del espejo

Condicionar la lectura: sobre la imposición de los rostros

La Fundación Mapfre exhibe una muestra fotográfica de la artista canadiense Lynne Cohen desde los 70 hasta la actualidad. En su obra los espacios son cruciales porque a “partir de ellos expresa su deseo de no transmitir indicios que condicionen la lectura de la obra por parte del espectador, dejando imaginar o intuir las historias y las personas que allí estuvieron presentes”.

Esta forma de concebir la fotografía, me ha hecho pensar en la moda de poner el rostro de actores y modelos a los protagonistas de las novelas. Como lectora, lo detesto, no me gusta que me condicionen de esa manera, prefiero imaginar y elegir el rostro que me plazca.

Por eso, ahora que tengo que promocionar mi novela prefiero sugerir imágenes alusivas a escenarios, a momentos, a sensaciones y emociones.

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Y que cada cual se imagine los rostros…

¿Qué  opináis vosotros?

¿Os gusta el mosaico que me ha hecho Victoria Serrada?

Ay qué poco queda ya para que conozcáis la historia de Lily y Milos. ¡Tengo unas ganas!

Si queréis ir haciendo la reserva para tenerlo el mismo 13 recién sacado del horno, aquí van los links:

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Atraco imperfecto

“La última línea del espejo” sale el día 13 de marzo, es la continuación de “Entre las azucenas olvidado”, aunque se puede leer de forma independiente, y arranca con un atraco imperfecto.
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La mañana era tan perfecta que ni nos inmutamos cuando un tipo con una bolsa de papel de una hamburguesería en la cabeza salió a nuestro paso:

  —Fjewisfgielikie —dijo el tío de la bolsa.

Eva y yo nos miramos y soltamos una carcajada. El señor se había hecho dos agujeros para los ojos y había abierto una ranura para la boca, pero la bolsa se había ladeado de tal forma que no se le entendía nada.

—¿Podemos ayudarle en algo? —preguntó Eva, sin poder contener la risa.

—Kefjeiwsfejiowe.

—Disculpe, ¿se podría quitar la bolsa? Es que no le oímos —propuse llevándome el dedo índice a la oreja.

El hombre se ajustó la bolsa para que coincidiera la abertura con la boca y, de nuevo, se dirigió a nosotras:

—Buenos días, señoras —soltó con una inclinación de cabeza que por poco hizo que la bolsa saliera disparada.

Nosotras rompimos a reír, mientras el tipo volvía a ajustar la bolsa a la cabeza.

—Buenos días. —Logramos decir al fin.

—No quiero asustarlas…

—No, tranquilo. No nos asusta… —repliqué sin poder reprimir la carcajada.

Era un tipo alto, atlético, joven a tenor de su voz, de sus manos y de su vestimenta, una camiseta de rayas y unos pantalones vaqueros desgastados.

—Siento abordarlas de esta forma, pero no me queda más remedio que hacerlo así.

El vestido azul

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En La última línea del espejo o las azucenas 2, hay un baile, en un lugar muy especial, con un vestido azul de Lanvin que encontré en un Vogue. Cuando María Eugenia me envió la portada de la novela para ver qué me parecía, me quedé maravillada porque, a pesar de no ser el vestido que había inspirado esa escena, es el vestido que Lily se puso esa noche. No pudo ser otro. Es este. Justo este.

¡Y es una gran suerte! Con las portadas a veces sucede la magia y lo que un día fue una de tus ensoñaciones, de repente lo tienes ante ti, azul y vaporoso, elegante y sensual, como una nube que baila entre estrellas brillantes:

¡Muchas gracias al departamento creativo de HQÑ por hacerme este regalazo de portada!