Autor: gemasamaro

Un Santinfierno por Navidad

Te propongo un juego…

BURBUJASNAVIDADPORTADA

Imagina a Orosia, una abuela fantasma, que se niega a que su nieto pase solo la Nochebuena y que no se le ocurre nada mejor que pedirle a Carmen, una amiga de la infancia, que le lleve a su nieto una botella de champán…

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BURBUJASCHAMPAN

Imagina a Carmen que sale de su casa nevando en busca de Santiago, al que hace siglos que no ve, y que la recibe de tal forma que en seguida recuerda por qué le llamaban Santinfierno.

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Imagina que la abuela fantasma se pone verdaderamente pesada y Carmen acaba llevando a Santinfierno a cenar con su familia en esa noche tan especial…

OROSIABOLSO1 orosiaburbujas santiagoburbujasnochecena CENANAVIDADFAMILIA

¿Te imaginas lo que puede ser esa cena navideña?

No, mejor no imagines, y lee el pdf que te adjunto…

Cena de Navidad-BURBUJAS

burbujasportadafresa

El resto de la historia… en las librerías. ¡Regala un Santinfierno por Navidad!

¡Graciassssssssssss!

Burbujas en DIGITAL

¡Por fiiiiiiiiiiiiiiiiiiin, saco las botellas de champán para anunciaros que BURBUJAS ya empieza a estar en digital en algunas plataformas, os dejo algunos links! Gracias Maria Jose Gomez Benito y Los Libros del CristalCristal por avisarme.

burbujas digital

http://www.nubedigital.tv/es/ebook/burbujas_E0002505511

http://www.leer-e.es/ebooks/burbujas1

http://www.ecervantes.com/ebook/9788481988994/burbujas/

http://www.laie.es/ebook/burbujas/E0002505511/978-84-8198-899-4

http://www.lsf.com.ar/templates/ficha.aspx?codigo=DI2P9788481988994

http://www.libreriaofican.com/ebook/burbujas_E0002505511

http://www.popularebooks.com/ebook/burbujas/E0002505511/978-84-8198-899-4

http://www.saltamarti.cat/es/ebook/burbujas_E0002505511

http://www.tirant.com/libreria/detalle?articulo=9788481988994

Estilismos familiares de Navidad en Manhattan

Jerseys de ciervos, botas de Primark…

NAVIDAD EN MANHATTAN

Extracto:
relinks.me/B00OYTC1VY

“— Y ¿el joven Maksim tiene algo que hacer por las mañanas? Seguro que con él nos daría tiempo a ver muchas más cosas.
—El joven Maksim —dije mirándole y él se dio la vuelta para no romper a reír—, trabaja.
—Es cocinero ¿verdad? Mira qué mañas tan buenas se da con la plancha, con los cafés. Este chico trabaja en una cafetería, se lo he dicho a tu madre.
—Es ingeniero naval. Hace sondas muy modernas.
—Es un chico muy completo —dijo mi abuela al tiempo que lo miraba de arriba abajo como si fuera un Velázquez, es decir, con admiración y deleite—. ¿Y tiene novia?
—Sí —respondí al instante.
—¿Sí? ¿Tiene novia y acepta que viva contigo? ¡Vaya novia!
¡Menudas tragaderas! —exclamó mi madre muy ofendida.
—Quise decir que tuvo novia. Es otra de las razones por las que está aquí viviendo… —Ya la había vuelto a liar, de nuevo en un jardín del que no me iba a sacar ni mi abuela.
—¿Cómo es eso? —preguntó mi abuela.
—Veréis, sí, es una historia muy triste, ya lo veréis, sí, tristísima… —Maksim dejó por un momento sus huevos revueltos para observarme más que divertido. ¡Cómo se lo estaba pasando!—. Dos pisos más abajo vivían Maksim, el abuelo y su novia.

NAVIDADCOLLAGE
—¿La novia del abuelo? ¡No me digas más! Es un mafioso de libro. ¿Dónde nos ha metido Susana, dónde? —preguntó mi madre con sus mejores maneras de actriz de tragedia griega.
—El abuelo no tiene novia, mamá. La novia era la de Maksim que se acabó yendo con su…
—¿Abuelo? —Mi madre terminó la frase.
—Qué obsesión tienes con el abuelo, mamá. No. Se fue con su mejor amigo, con su amigo de la infancia…
—¿Qué hacía en Nueva York su amigo de la infancia? Otro ucraniano supongo… —supuso mi madre, que cuando se pone ansiosa, la da por suponérselo todo.
—Vino para ver la ciudad por un par de días…
—¡Eso es optimismo! —exclamó mi madre dándose una palmotada en el muslo—. ¡Ver Nueva York en un par de días! Nosotras tenemos cuatro días por delante y ya me he tomado un Lexatin de la ansiedad que me ha entrado al ver la jornada que tu abuela ha planeado para hoy.
—Es que su amigo Iván es un atleta profesional, un corredor de 10.000 metros que ha dado muchas tardes de gloria a Ucrania.
—Mira qué bien —dijo mi abuela asintiendo con la cabeza.
—También ha ido a las Olimpiadas.
—¿Y? —preguntó mi madre a punto de hiperventilar.
—Que dedicó un día a ver Nueva York y el otro a robarle la novia a su mejor amigo.
—¡Es más rápido que don Juan Tenorio! —concluyó mi abuela fascinada.
—A Maksim le traen tantos recuerdos el apartamento de aba-
jo, que entenderéis que prefiera estar aquí.
—Pues yo no le veo muy triste —opinó mi madre mientras daba lánguidas vueltas con la cucharilla a su poleo humeante—. Es más, diría que está como a punto de partirse de risa. Miradle.
—Es por la forma de su cara.
—Yo le veo muy guapo —apuntó mi abuela.
—Sí, pero por su estructura facial parece como si siempre estuviera a punto de echarse a reír… —expliqué muy seria.
—Susana se me había olvidado la de bobadas por minuto que puedes llegar a decir. —Y a mí lo dulce y delicada que es mi madre.
—La niña tiene razón, mírale. Si parece que está a punto de morirse de risa…
—Ya os lo he dicho… Por cierto ¡estáis estupendas con los vaqueros! —decidí cambiar de tema para que Maksim no rompiera a reír. Y cambié de tema mintiendo, porque no estaban estupendas. Estaban raras. Jamás en mi vida las había visto de
semejante guisa, como si fueran dos actrices en decadencia de vacaciones en Aspen, Colorado: con vaqueros, jerseys de lana con ciervos y Ugg’s del Primark.

ciervos
—Yo siento que voy disfrazada. Pero tu abuela ha insistido en que nos vistamos así y ya sabes lo tozuda que es.
—Hay que mimetizarse con el entorno como se hace en el mundo animal —explicó mi abuela.
—No creo que haya nadie más que nosotras en Nueva York capaces de llevar estos horribles jerseys de ciervos.

botasprimark
—¿Prefieres que se note a la legua que eres guiri? Si vamos con nuestras ropas españolas vamos a dar tanto el cante como los alemanes rosados que se pasean por la plaza Mayor. ¿Qué quieres que nos atraque hasta el Tato?
—Mamá, no voy a discutir”.

Sabrina y el enfriador

En ‪#‎ComoUnaLunaEnElAgua‬ hay una escena en la que hago un pequeño y humilde guiño a Sabrina de Billy Wilder, que en estos días celebra el sesenta aniversario de su estreno, y a un objeto que a mí me obsesiona y que es el famoso enfriador de champán de Christofle…

Os dejo la escena y se la dedico a Silvia Nunez Prieto, que ama al enfriador tanto como yo
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sabrina

christofle_500

—¿Quieres tomar algo?
—Champán.
No bebo, pero respondo eso.
—Si quieres cojo una botella y dos copas.
—Y vamos al invernadero. Eres David, el malcriado de la casa.
Ya he perdido la cuenta de las veces que he visto Sabrina.
—Ya quisiera yo ser como William Holden… Daría lo que fuera por tener un gramo de su talento. La casa es de un amigo —dice sonriendo— y sí, has acertado, tiene un invernadero espectacular.
—Enséñamelo. ¿Puedes?
Se da la vuelta, dejándome estupefacta ante la contemplación de su espalda y su culo perfectos, y coge dos copas y una botella de Veuve Clicquot que descansa en un enfriador de Christofle.
—Vamos.
Me conduce por un sendero iluminado por las bolsas de papel con velitas mientras me hace preguntas que me niego a responder:
—¿Cómo te llamas?
—¿Qué más da?
—No es justo. Tú sabes mi nombre, sabes cosas de mí.
¿Me ha tocado el majara de la fiesta? Me da lo mismo. Ya es tarde para echarse a atrás.
—Ya —respondo dándole la razón.
—¿Ya? —replica con cara de no entender nada.
—Un momento.
Tampoco pasa nada si tomo ciertas medidas de seguridad, así que saco el móvil y llamo a Lucas para decirle:
—Estoy con el tío para el que hemos actuado.
—Sí, sé quién es —responde Lucas con la boca medio llena de sushi o algo deconstruido.
—Vamos al in-ver-na-de-ro —lo digo alto y claro, clavando mi mirada en el desconocido para que se entere bien de que alguien más sabe de mi paradero—. Dejo el móvil en-cen-di-do, en-cen-di-do y estoy en el in-ver-na-de-ro, el in-ver-na-de-ro.
—Tía ¿qué te pasa? ¿Por qué hablas como si fueras una hipnotizadora?
Los papeles se han invertido: ahora es el desconocido el que me mira como si fuera una borderline.
—Estoy allí. ¿De acuerdo? Con el tío que…
—Que sí, tía, que sí. Tranquila. Si te pasa algo, ya sabemos a quién echarle el muerto.
—Vete a la mierda.
—Pásalo bien.
Cuelgo el teléfono y sonrío al desconocido de una forma tan fingida que creo que he logrado asustarle. Sé que él está a punto de llamar a alguien para garantizar también su integridad, así que para calmarle improviso algo (estúpido):
—Somos un grupo muy unido. Siempre nos decimos dónde estamos.
—¿Tienes prisa?
Él sí. Él sí y va a dejarme tirada de un momento a otro. Por eso, esperándome lo peor, respondo un «no» lastimero, suplicante, agónico.
—Yo tampoco —replica con su voz grave y profunda.

lunaportada

Playlist de Como una luna en el agua

Estas son las canciones que suenan en mi nueva novela…

https://play.spotify.com/user/118042720/playlist/4ornpOlcnetPWMHg0J4trs

Una historia que comienza así…:

lunaportada

Soy la chica que está cantando en el jardín con voz de gato, vestido azul, taconazos y chupa de cuero negra. No soy cantante, canto con Los Desprevenidos porque suelen actuar los fines de semana en fiestas privadas y a mí me gusta estar fuera de casa esos dos días. Durante la semana me acompañan los ruidos de mis vecinos: gritos, peleas, televisores, cañerías, niños llorones y sillas que no paran de arrastrarse, pero los fines de semana desaparecen y yo me quedo sola con mi mente melodramática. No lo soporto. Prefiero huir del pasado, zafarme de los recuerdos y centrarme en el aquí y en el ahora. Donde estoy, donde está mi cuerpo y mi voz que ahora canta el There is a Light that Never Goes out de los Smiths sin que nadie nos haga ni caso.