Novelillas

Novelillas (Artículo publicado en el nº 2 de la Revista Amor Fú) http://www.amorfu.es http://amorfu.wordpress.com

Por Gema Samaro

El otro día, al comentarle a alguien que escribía novelas románticas, me confesó con el clásico gesto desencajado del desbordad@ por la vida: “Yo también quiero escribir novelillas, pero el trabajo, la casa, los gemelos, el perro, la gata, los jacintos, la azaleas… La vida… Ya sabes…”.

Sé. Vaya si sé.

Y entonces me acordé de una de las reinas de las novellilas, Barbara Cartland, a la que le dio tiempo a todo: a casarse varias veces, a diseñar aviones, a  comprometerse hasta las pestañazas postizas con distintas causas… y a escribir casi novecientas novelillas.

Qué tía la Cartland…

La editorial M-Y Books publica en el Reino Unido su obra completa compuesta por novelillas de puro romance y sin una pizca de sexo, que escribía a razón de dos al mes. ¡Y sin rechistar! Y qué novelillas… Ella en su autobiografía confesaba: “no se compliquen con mis novelas. Son todas iguales”. Pues sí para qué engañarse… “Mis novelas hablan de amor puro –decía la Cartland en una entrevista-, el romance es lo que importa. El sexo significa cosas sucias, sucias”. Y por ende: “A ninguna de mis heroínas le está permitido acostarse antes de la boda”.

Cuando leí la noticia de que se publicaba su obra completa pensé: ¿Novelería blanca en tiempos de Grey? El director de la editorial lo explicaba a renglón seguido: “Barbara Cartland es una autora única, conocida en todo el mundo por su escritura puramente romántica y porque sus novelas son adecuadas para todos los públicos”.

Lo traduzco: 50 Sombras es un cuento de hadas revisitado mil veces, no apto para menores ni para paladares exquisitos, pero un cuento de hadas al fin y al cabo, una historia como las de las novelillas de la Cartland repletas de cenicientas que acaban comiendo perdices en mansiones Tudor, después de la boda, por supuesto, porque antes de la boda ya sabemos que sus heroínas no comen nada de nada. Y desde esta perspectiva, la apuesta editorial tiene sentido: los cuentos de hadas son atemporales y después de todo nos mola que nos los cuenten muchas veces.

Ahora además, parece que todo el mundo quiere contarnos cuentos, sus propios cuentos, el mismo cuento, y supongo que por eso proliferan las guías y los manuales para escribir novelillas, en las que se nos enseña lo fundamental de la técnica: la planificación, la estructura, del punto de vista… que está fenomenal, pero que no sirve de nada si no estás hecho de otra pasta.

Porque para escribir novelillas, además de dominar la técnica, hay que tener la piel gruesa y la espalda de estibador para soportar cosas como: “tu novelilla es previsible, aburrida, truñesca-castañera-petardesca, tus personajes son planos, tus escenas son olvidables, no conozco a nadie al que regalaría esa cosa que has escrito y que ni con un palo sería capaz de tocar…”, se necesita paciencia, perseverancia, honestidad, autenticidad, humildad… y un vestido rosa de lentejuelas y plumas y un chihuahua que haga juego con tu sombra de ojos.

Barbara-Cartland

Me fascinan las imágenes de Barbara Cartland con sus pestañones postizos y sus tres toneladas de maquillaje, con sus trajes de noche y sus plumas en su salón de Camfield Place, un casoplón en las afueras de Londres, donde vivía rodeada de muebles antiguos, cuadros, y flores y chihuaha disecados.

Me encanta verla tumbada en su sofá vestida de tiros largos y dictando sus novelillas de puro romance a una diligente secretaria que jamás suspirará por nada.

barbara_cartland_arthur_steel_wm

Pero en cambio ella… Era una mujer conservadora, con un discurso rancio y trasnochado, pero también era muchas más cosas.

Me flipa la joven Barbara que junto a dos oficiales de la Real Fuerza Aérea diseñaron el primer avión-planeador remolcado por vía aérea (por el que recibió el Premio de la Industria Aérea Wright por su contribución al desarrollo de la aviación), la que obtuvo el Certificado de Mérito del Comando Oriental por los servicios prestados durante la Segunda Guerra Mundial, la que más adelante luchó por los derechos de los gitanos y logró una ley del parlamento, la que contribuyó a la mejora las condiciones de matronas y enfermeras, la que fundó y presidió la Asociación Nacional de Salud del Reino Unido, la que logró la Medalla de Oro de París, por sus 25 millones de libros vendidos en Francia, la que fue nombrada Dama de la Orden del Imperio Británico por su contribución a la literatura y por su trabajo para la comunidad…

Casi nada.

En fin, que cuando escucho lo de los gemelos y los jacintos, siempre pienso en esta señora y suelto la misma sentencia: no te queda mili para escribir novelillas…

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One comment

  1. Estoy contigo. Cada vez que oigo a alguien decir que si tal o cuál manera de escribir o de género es menor o mayor que otro, directamente me espanto. El caso de Carland, a la que yo he oído durante toda mi vida sin atreverme a hincarle el diente jamás, es otro de esos de fertilidad máxima que a mí particularmente me encantan. Respecto a lo de mucha mili hasta que puedas escribir novelillas, lo suscribo.
    Y gracias por ese vocabulario nuevo que desconocía absolutamente: truñesca y castañera… Para una novela no lo había leído en mi vida.
    Lo que ya no sé si es el perro de Cartland es un chihuahua. En fin, saludos. Llegué a tu blog a través de Jorge Caneda.
    Saludos desde Karlsruhe!

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